Hoy sentía ese
vientecito primaveral mientras pedaleaba, me llegaba en la cara, fresquito, -que
siga, que siga-, (y entonces seguía), y era el recuerdo del mismo vientecito de
la niñez y las rodillas sucias y los codos gastados y las encaramadas en la pandereta
buscando volantines olvidados y fracturados, y del sol quemante por la mañana,
y por la tarde el vientecito aquel, hasta la noche, como ahora, como esta
noche, que aun invita a mi vientecito a refrescarme la cara pedaleando. Ahora
no pedaleo, ahora escribo, y la noche ésta, me dice que es buena, -no tu, si no
ella. La noche, digo- yo la siento así, y me siento perdidamente feliz, y creo
que nada es como ayer, y yo tampoco, yo hoy soy como hoy, y hoy el vientecito
me espera para ser conmigo, y la nochecita quizás también, solo debo alcanzarla
(por la noche, cuando caiga), pero yo era un niño, era un enano, de cara sucia
y malos modales y solo debía dar un saltito para tomarla, pero huía y decía “tranquilo,
ya vas a crecer”, y hoy, pedaleando, el vientecito me frenaba para no
alcanzarla nunca, y yo reía ante tal jugarreta, y las pisadas me siguen, desde
la niñez que es así, y aun, perdidamente feliz, miro hacia atrás y veo pasar el
vientecito preciado que remonta las casas y los techos de lata, y me pongo a
bailar con una escoba, y la miro a los ojos -lindos ojos de madera- y a ratos
bailo solo, y subo el volumen de la radio en esa canción que me gusta, y toco
mis tambores y el teclado se queda mudo un rato y luego gime de dolor (y a mi
también me duele, casi tanto como a el, me
duele que no sepamos entendernos y que nunca hallamos congeniado, lastima…)
pero en el techo mi gata respondía intranquila, y yo, también en el techo
disfruto del mismo vientecito ya nocturno, tranquilo, y mi gata no, y las luces
de la cuidad hoy (por la noche) son bonitas y la ciudad lo mismo, y siempre me
vuelvo a equivocar, pero hoy no, esta noche no, mañana quizás lo haré de nuevo,
por que no sé si mañana el vientecito me esperara para ser juntos y tampoco si
se mañana yo esperare la noche para subirme al techo que no tiene volantines
(pero si una que otra lagartija fugitiva) y tampoco sé si mañana escribiré o si
tendré otros recuerdos, y yo no se, no se, no se, pero me preparo por si acaso,
y me saco toda la ropa y miro el cielo durante largo rato, y recuerdo a mi
madre, a mi hermana, a ellos, a ti, a los otros, no, a ellos no, y las caras
sucias y los garabatos a escondidas, los juegos infinitos y las tardes
inagotables, todo eso y mas entre algún sollozo y otras risas profundas, y pido
perdón a quienes no entiendan esto, quienes no entiendan mi vientecito
(nuestro, en realidad) pido perdón a los muertos de mi alegría, a los vivos de
mis penas, a las luces de la ciudad, pido perdón a mi madre, a mis sobrinos, a
mi hermana, a mi gata, a la luna, al viento, y por supuesto, me pido perdón a
mi, si, a mi, y salgo caminar y me pido perdón, perdón por encararme de este
modo, pero me han contado que…
.-
Era anocheciendo, casi en verano, (y yo
sentía que eran mis palabras), no llamó a nadie
y lo descolgaba, “para alejar la
materialización de la indiferencia”, y me apuraron
me puse triste -Carlitos no es malo, no
le grite, por favor- el día que yo no existía
con el clavito en el cerebro, el ruido en
los oídos, la pequeñita y revoltosa retórica
la mentirosa, antepenúltima y ni eso,
vacío repleto, y las compañías de las noches
en la misma manera, y hablar de
política-música-sexo-drogas-infancias/necesidades
mentiras interesantes, amantes baratos,
-y me veo corriendo, loco y ágil, no se donde
y cerraba los ojos en cada tanto-, y me
nombraba al amanecer, buscándome y yo reía
pero prefiero concluir, ir y venir, te
digo, así mismo, como cucaracha en la cuneta
y la fila de hormigas sonaban, si; me
pesan los pies, se arrastran -ellas, quiero decir-
las hormigas y se apuran, y también a mi,
y vuelvo a estar triste, tanto y mas
vamos a buscarlo?, las monedas no sirven,
vamos, quieres? -NO- quieres? -NO-
quieres? -NO-, pero entrégame el nicho,
el pequeño lugar, la pintura de tus dedos
que yo nunca escuché de aquellos seres,
el recuerdo más dulce y doloroso del momento
el pabilo que se consume de a poquito
entre tanto que no es nada, y yo soy uno mas
si, eso es lo que soy; y tu eres igual al
resto de la gente, no escapas a ninguna realidad
eres lo que fuiste, y serás todo lo
contrario, como si el espejo se quebrara a propósito
como si los pájaros cayeran al mar en picada
y nunca salieran a flote; pero se dice
que la neblina aparece en Agosto, quizás
en Julio, y que dura lo que dura el agua en serlo
y al pensarlo siento que tengo los pies
mojados, pero no ha llovido, y comprendo entonces
algunas cosas incomprensibles; “nunca volveré
a confiar en los encuentros casuales”.
Me atraparon. No se como. Y me
llevan a la colina a sacar resquicios de margaritas y manzanillas (que por lo
visto, ya están prohibidas). Es hermoso. Aun queda vegetación y sin que se den
cuenta me alejo un poco y contemplo el mar furioso que se mece con tonos
verdosos y azules y digo a no se quien “mira que azul está el mar por aquel
lado”. Nadie me responde. Esta prohibido hablar en voz alta. Siento un miedo
constante. Y vuelvo a arrancar maleza y pequeñas flores. Estoy vestido con un
overol desteñido. A mis espaldas esta un acantilado con árboles impenetrables y
abruptos y delante mío hay una montaña, no tan alta. A mi derecha me doy cuenta
que hay una línea de tren que sube directamente a la montaña y hacia el otro
lado, mis espaldas, cae al mar.
La línea, subiendo por la
montaña, y no muy lejos de donde estábamos nosotros, pasa por debajo de un arco
muy bonito, antiguo, grandote, algo enmohecido por la vegetación que lo rodea. Siento
que está todo mal. Que todo está prohibido y que aquel paisaje iba a desaparecer
pronto. No entiendo que época es. Donde estamos. Por que estoy ahí. Por que me
atraparon. Por que siento este miedo terrible. Se acerca un guardia y por su
presencia se que nos odia a todos y vuelvo a mirar el suelo en busca de brotes
para arrancar. El tren no pasó nunca. No se si existirán los trenes aun. Oscurece
y aparece alguien a quien no puedo mirar directamente su cara. Todos se ponen
muy nerviosos.
Estamos en una sala amplia,
oscura y solo se pueden ver nuestras caras iluminadas por el brillo que emiten
las pantallas que tenemos al frente, puestas en los pupitres. El personaje del
final de la sala, con una pantalla también frente de el, nos habla y nos dicta
ordenes. Tampoco puedo distinguir su rostro. El miedo nunca se va. En mis manos
tengo algunos lápices, un teléfono y otras cosas que no distingo. Intento
utilizar la pantalla para enviar un mensaje a alguien y decirles que estoy
atrapado, que me busquen, que tengo miedo, que no se donde estoy. Pero es
imposible. No he mirado hacia atrás, pero sé que hay personas vigilándome sin
césar. Se acerca aquella figura principal a mí y me pide que le muestre mi
trabajo. Yo guardo silencio y me dice “muy bien, continua”. Miro a mi lado y
hay un gordito que toma su teléfono e intenta llamar a alguien desesperadamente
(ahora que lo recuerdo todos teníamos un teléfono, pero utilizarlo era algo muy
peligroso)
Lo toman por la espalda y el
gordito palidece. El miedo se agranda. Siento los parpados muy apretados.
Y al instante hay algo de luz de
verdad. Presiento que cerca hay una puerta y la escalera que voy bajando es de
metal, blanca con las barandas rojas. Simple, nada especial. Se siente algo de
ruido de ciudad, bocinas de autos, gente. Llego al final de la escalera y está
la puerta abierta. Una puerta o mas bien un portón abierto. Hay una calle
alumbrada por el sol, algunos kioscos, gente pasando, unos taxis. Mi cuerpo
estaba helado, quieto, aterrado. Era muy fácil escapar, pero de alguna manera
yo sabia que atravesar esa puerta era igual a morir. A mi izquierda hay una
puerta más pequeña, blanca que estaba cerrada. La abro y hay una especie de
cocina. Un refrigerador, una mesita en el centro, cuadrada con un mantelito y
otras cosas. En la mesa estaba sentada la Valeria, riendo como si nada pasara. Sentí
un millón de sensaciones y sin preguntarle nada le cuento que estoy atrapado
que no se donde estoy, que le digan a mi madre que ya volveré (se corre entre
las voces que me rodeaban que son solo tres meses acá, luego nos liberan para
ver como nos portamos). La Valeria se ríe y me dice que no le de color. Yo me
empiezo a poner desesperado, puesto que me alejé del grupo y las cámaras de
vigilancia. Le digo nuevamente con mas fuerza, casi llorando y ella no cambia
su risa. Ahí me di cuenta que todo era falso. Ella no era la Valeria. Y salí de
aquella cocinita y aún estaba la otra puerta abierta, pero la escalera que me
llevaba hacia arriba, de donde había venido yo y me escapé, tenia una pared
luego de subir unos cuatro o cinco escalones. Una pared blanca, gruesa,
impenetrable.
Tengo un lápiz en mi mano y con
el escribo algo en esa pared, algo que no pude entender claramente. Al instante,
de los costados de la pared, aparecen letreros, alarmas y una sirena horrible
que grita “objeto anormal” “objeto anormal” y los letreros ponían lo mismo. Aparece
un guardia muy alto y apaga todo el bullicio. Mi mira con cara de mono y me
ordena que suba (la pared había desparecido). Subo (por lo menos eso creo) y
hay una larga fila y me pongo en el primer lugar. Nos obligan entrar de a dos
al baño y yo entro con Jaime a quien no veía hace años. (Jaime es mormón y muy
bueno, así que le pregunté a el por que estábamos acá, que habíamos hecho, por
que sentíamos tanto miedo. el no me respondía nada, solo intentaba llamar por
su teléfono y miraba de reojo por la puertecita que no se podía cerrar
completamente) y la figura principal se hallaba al otro lado de la puerta
inmóvil. Yo le decía a Jaime que esto era inhumano, horrible, que no lo entendía.
Y yo intentaba mear y no podía.
Hay unas cuantas camas, me
acuesto en una que la cabecera da directamente hacia una caída vertical (empieza
a darse forma un poco a este lugar). Hay
otras gentes que se están acostando en las otras camas. Ya no siento tanto
miedo. Creo que nadie lo siente. Todos hablan un poco mas. Se miran los
ombligos, rezan. A mi lado hay una mujer que no conozco y luego se acuesta a mi
lado con una tabla de surf. Me dice que mañana ira a un concurso de surf con
alguien mas. Y yo no lo entiendo. (También recuerdo que alguien dijo que al
parecer estábamos cerca de Antofagasta, y que nos soltaban los fines de semana.
A lo que yo pensé; “por que nadie se ha escapado, si los sueltan? es tan fácil
como huir un día de esos. Pero si nadie lo había hecho es por algo. De todas
maneras, cuando me soltasen lo intentaría). Miro hacia la luz potente que está
en el techo, y a contraluz apareces tú y me dabas un besito. Parece que
conocías a la persona que se había acostado con la tabla de surf a mi lado por
que conversan algunas palabras y se abrazaban. No me decías nada y yo tampoco
(creo). Y te metías conmigo a la cama y sentía yo tu calor. Definitivamente ya
no había miedo.
Despierto…
Se supone que debo estudiar -tres informes y una prueba-
para mañana. una de la tarde
y escribo todo con acento y puntos bien puestos, aspectos
formales -le dicen-
podremos vivir juntos? (pregunta Touraine con tono de
persona importante y preocupada)
-yo miro pa otro lado. no lo pesco. y me sigue con la
mirada-, su modernismo
es dolorosamente post-moderno y aun no entiendo que quiere
decir con democracia
y están los educadores participativos con cara de boy scout
y los procesos de nivelacion
por otra parte, y entre todo eso Libertad es abstracción
pura en unas ocho lineas
y en las escuelas los niños aprenden a llorar y de tanto y
eso, ya nadie llora
y sonrien con tenazas ajustadas sus cabezas. ciudadano
cliente. ocho horas diarias
años después en la comisaria y la maquinita horrible y la
corbatita que va con las calcetitas
de su perfecto pantalón verde ultra-planchado y su plaquita
que automáticamente
incita a disparar -y ellos no son quienes mueren, y nosotros
todo- y por la noche
revientan casas, protegen otras, golpean borrachos,
pervierten sus fragiles mentes
y quedan intactas sus conciencias. las once de la noche. no
hay palabras. ninguna otra
y la mala nota se hace presente cuando...
Cuarto Piso (el pasillo del silencio)
Me siento como un “desterreado sencillo”, como la aguja y la
carne
y el ay del pinchazo, el dolor, atado en (y para) el, y no
cae
-respira, y unas cuantas-, entonces tira y tira, pero no lo
desprecies
guárdalo en tu cajoncito, el vacío, viene y se va, nos vamos
y otro sorbito de sobra (y otro) para el otro que no soy -ni
fui-
el pálido, el flaco rucio, y que ya no lo ven pasar, “no
queda de otra”
y su explicación le rozaba la boca, -y yo no puedo- lloro
despacito
como una lluvia de otoño, y no me dejan, y me escapo,
insisto
en el sabotaje a propósito en la maquinita, el ruido en los
oídos
los cincuenta y tantos clavos y los dos metros de tierra,
usar los dientes
con los bichos que viven bajo la cama que se aburren
horriblemente
al ver a mis parientes compartir el almuerzo y yo me siento
sucio
y el almuerzo no era sino cianuro y raticida, y nada extraño
pasaba
la guitarra estaba equivocada y te vas a tus tierras, nadie
se entera
y el cuadrito no termina, no cesa, no trabaja y no quiere, vive
en amarillo
como poquita cosa y ojos ensombrecidos, ensimismado en el
rincón
-y solía mirar el animal negro que respiraba en la cortina-
lo colgaban de la viga de la yunta y llegó a viejo con la
polea en el techito;
como el fantasma de los inviernos, el que se robaba los juguetes
y las luciérnagas
y yo a el lo saludo con amor y me aterro tanto, mucho, de la
forma mas dulce,
y ahora ya no tengo juguetes, en los últimos atracos,
desapareció la realidad
Dellabú
Hoy tocaba el hartado al mediodía (veremos), no el traidor de crespo
o la matraca y anquilosada querida, ni el rápido hurgando en las
fosas negras que lo pone a bailar -no a mí, quiero decir- a usted,
usted o el otro. Contaba con tres rezos, gritaré, dijo -no te
devuelvas (y gritó)- no he vuelto, de pasada voy, y el no verte me
da pena; suspiró y el pañuelito le limpia la frente me da pena,
quererte -y yo muerta en la hondonada estaba, entera- pensó
-perdón-. Se fue el hoy y mañana no vendrá, (y dijo de salida, al
cuidador de la noche; el irme es llevarme todas mis pertenencias) el
sol, digo, no vendrá, ni las des-com-puestas del mismo. El viejo, el
recipiente de años, buscaba el malo, la experiencia la abandonó,
en, dicen, lo de siempre y llevó sus maderas a la salamandra de su
madre. -Una silla que armaré- dijo la orgullosa aun más vieja que
el viejo, y su voz recuerda a los duraznos. No los amarillos,
recuérdalo al adolorido, el dedal en su mano y la otra en la tuya.
Respira -dijo- botando aire, y respiró mirando la ventana (o a mi?).
Pone cara rara y pregunta -que haces tu aquí?- es natural (y no lo
era) que pregunte. Dime que has hecho -o des/hecho- en respuestas
rápidas y cómodas. El tiempo es oro pa'l que no lo vive solo
-dijo-. Su voz me recordaba un vidrio quebrado y si no fuese por su
bigote que sobresalía fanáticamente sobre sus labios gastados, me
habría parecido alguien totalmente extraño y simpático. Me miré
las manos, limpie un poco mis uñas y trague un algo de saliva muy
espesa. Parpadee. Una. Dos. Tres veces. Me tome casi un cuarto de
hora de su tan dorado tiempo. Y el me miraba como si yo estuviera
jodiendolo de sobremanera. En realidad yo no había hecho -ni
des/hecho- nada. (creo). Yo cierro todas las puertas, observo por un
agujero el farol de la calle, camino y vuelvo. -Nada- dije -no hago
nada- y tocó su melodía como si en realidad yo no estuviera
haciendo nada…
Y yo sentía que quería estar solo y llovía así despacito, como
lluvia de amanecida, pero era de noche y el me hablaba y un rayo
pasaba. Y la puñalada en la boca del estomago, ciega, volvía en
cada tanto y su rostro, algo mojado, se transformaba con la lluvia
que iba aumentando. Tremenda pena, y yo lo miraba y acercándose a mi
cara me hablaba así en voz baja y en tono hermosamente penoso
contaba como la extraña y pobre vieja le tejía un entero de lana a
la bebe y se olvidaba de los puntos por estar tan vieja y rabiaba y
lloraba, y añoraba estar con el que murió en la pieza de al lado en
la que teje la vieja, y nosotros bajo la lluvia aun podíamos oírla
rabiar y nos avisaba que ya iban a dar los goles de colo-colo y el
botaba el humo de un cigarro y gritaba “YA” pero no se movía del
techito de la puerta y su cara y su boca que no paraba de hablar
volvieron a ponerse oscuras y me miraba y esperaba que yo dijera algo
y yo no decía nada y volvía a hablar mojándose aun mas la cara en
la lluvia y yo sentía que moría y el a la vez reía y recordaba que
no era tan mentira y creí que iba a correr quizás mas de tres veces
y … camino un pasillito muy corto, aun llueve y lo sé por que la
puerta sigue abierta y se oye una música de guitarra y…
Me pedía que eligiera un librito y al parecer aun llovía -las
flores y los caracoles del patio, y barro- y echo una mirada y el
Invunche me recuerda el temor cuando era niño (y la lluvia caía
igual que en aquellos tiempos). Aun me observa por las noches y yo me
subo a las piedras -viento seco, el mismo de aquellos sueños, y el
pájaro grandioso- desde el cuarto piso hacia abajo con el dolor de
abandonar la matriz y cuidadora. Fugitivo, desnudo, y no sabe de
historias. Nadie lo espera, y todos saben que vendrá. Viene cual la
noche, como manta oculta y nocturna, danzante. -Yo hablo quietecito y
la tuerca gira a la manera de los astros constantes y perfectos-.
Aparece, aparecen, el frío y el. Déjennos pasar -gritaron- por
favor! (Y el viento intenta meterse a la mala por la ventanita del
techo). Golpea mas fuerte, que no te oyen en su sueño, golpea mas
fuerte te digo! -le dice el viento- y el golpea con ambas manos y en
la ventanita a veces por-si-acaso…Y la cortina impide ver mas allá
de los sillones. No quiero mentir. No me gusta la idea de inventar lo
que no es. Pero llegó…llegaron, y nadie lo(s)
esperaba. Yo los observo, palidezco y anoto estas palabras en el
libro que me regaló; -“soy un aire helado”- Me pongo a llorar
como si estuviera flotando en un témpano o en la punta de tu dedo. Y
chorrea y chorrea. Lo oigo de cerca; escucha el ruido -y nada suena-,
las piedrecillas en el techo a las cuatro A.M. Y ni siquiera es por
el eco, la lejanía de no estar cerca y el árbol empapado pedía
auxilio. No fuimos nosotros quienes acudimos, si no los ausentes y
allá, mucho mas allá, el grito continua. Y tu dormías, al menos
intentabas, solías y podías dormir y yo imaginaba el guardagujas en
la estación, con su jardinera muy sucia y el carril afuera el cielo
arriba el mar adentro y el humedal falso que nunca pudimos conocer.
Hoy saldré por la ventana, la otra vida, el espejismo. Saldré del
árbol cual el fruto, a conocerte de nuevo. Hoy mi voz recuerda las
arenas y el padre del tiempo, ansioso en su viento nos regala la
nada...ánfora contenedora de todo, frasco vacío, como un perpetuo
reloj de sales. Todo completamente oscuro y solo se oyen ambos
alientos acoplados. -Eres tu?- me dijo -soy yo- le dije. Buscando.
Desaparecida, No ha vuelto y no volverá. Desde este punto hacia
arriba todo es falso. Desde ahora en adelante comienza el relato
vacío...
Dime que has hecho -o des/hecho- en respuestas rápidas y cómodas. El tiempo es oro pa'l que no lo vive solo -dijo-.
Su voz me recordaba un vidrio quebrado y si no fuese por su bigote que sobresalía fanáticamente sobre sus labios gastados, me habría parecido alguien totalmente extraño y simpático.
Me miré las manos, limpie un poco mis uñas y trague un algo de saliva muy espesa. Parpadee. Una. Dos. Tres veces. Me tome casi un cuarto de hora de su tan dorado tiempo. Y el me miraba como si yo estuviera jodiendolo de sobremanera. En realidad yo no había hecho -ni des/hecho- nada. (creo).
Dellabú (fragmento)
Ruido y Silencio (fragmento)
Témpano. La punta de tu dedo. Y chorrea y chorrea. Lo oigo de cerca; escucha -y nada suena- el ruido, las piedrecillas en el techo a las 4 A.M. Y ni siquiera. Es por el eco, la lejanía de no estar cerca. El árbol empapado pedía auxilio. No fuimos nosotros quienes acudimos, si no los ausentes, y allá, mucho mas allá el grito continua. Y tu dormías, al menos intentabas, solías y podías dormir Y yo imaginaba el guardagujas en la estación. Carril afuera. Cielo arriba. Mar Adentro. Humedal.
Por lo menos en este momento
Nada, nada, nada de lo que pueda escribir o decir vale la pena. El tiempo. Que pesadilla!. Las propuestas. Los planes. Nada! nada, nada, nada de lo que pueda escribir o decir vale la pena. La sonrisa es tal cual se le ve. Los ojos los mismos, el par. Los dientes que muerden. Las manos, conjunto curioso. El llanto, la lagrima que moja, el dolor, tuyo, mio, nuestro, nuestros dolores!... Nada es lo mismo!. Masturbarse, pensar largos ratos, desaparecer, volver a aparecer, y mojado de lagrimas. Nada, nada, nada de lo que pueda escribir o decir vale la pena...
(yo te prometo, te escribiré, si es que para de llover...)
.
Hoy tocaba el hartado al mediodía
(veremos), no el traidor de crespo o la matraca
y anquilosada querida, ni el
rápido hurgando en las fosas negras
que lo pone a bailar -no a mí,
quiero decir- a usted, usted o el otro.
Contaba con tres rezos, gritaré,
dijo -no te devuelvas (y gritó)- no he vuelto,
de pasada voy, y el no verte me
da pena; suspiró y el pañuelito le limpia la frente
me da pena, quererte -y yo muerta
en la hondonada estaba, entera- pensó -perdón-.
Se fue el hoy y mañana no vendrá,
(y dijo de salida, al cuidador de la noche; el irme
es llevarme todas mis
pertenencias) el sol, digo, no vendrá, ni las des-com-puestas del mismo.
El viejo, el recipiente de años,
buscaba el malo, la experiencia la abandonó, en, dicen, lo de siempre
y llevó sus maderas a la
salamandra de su madre. -Una silla que armaré- dijo la orgullosa
aun más vieja que el viejo, y su
voz recuerda a los duraznos. No los amarillos, recuérdelo
al adolorido, el dedal en su mano y la otra en
la tuya. Respira -dijo- botando aire, y respiró
mirando la ventana (o a mi?). Pone
cara rara y pregunta -que haces tu aquí?- es natural (y no lo era)
que pregunte. Yo cierro todas las
puertas, observo por un agujero el farol de la calle, camino y vuelvo.
-Nada- dije -no hago nada- y tocó
su melodía como si en realidad yo no estuviera haciendo nada.
Dibujos...
Pequeñas abstracciones del momento.
interferencias planetarias que llegan hasta mi receptor local
en forma de lineas trazadas en el limpio papel.
tímidos disgustos que piden ver la luz.
flores de manzanilla maceradas que impregnan este segundo de un perfume sombrío.
alteraciones en el orden constante de mi cuaderno incesante
que entregan sonrisas escuetas y miradas de locura.
pulsos de mi mano que confabulan en distintas frecuencias
uniendo los lazos creadores de realidad en una tonada malhumorada y distraída,
fingiendo observarlos desde lo alto de la copa del árbol.
ilusiones previas al desastre.
monotonías utópicas de ojos rasgados y dientes amarillos.
poquita cosa.
designios infantiles.
polvo.
grafitos.
uñas
y suciedades compulsivas.
interferencias planetarias que llegan hasta mi receptor local
en forma de lineas trazadas en el limpio papel.
tímidos disgustos que piden ver la luz.
flores de manzanilla maceradas que impregnan este segundo de un perfume sombrío.
alteraciones en el orden constante de mi cuaderno incesante
que entregan sonrisas escuetas y miradas de locura.
pulsos de mi mano que confabulan en distintas frecuencias
uniendo los lazos creadores de realidad en una tonada malhumorada y distraída,
fingiendo observarlos desde lo alto de la copa del árbol.
ilusiones previas al desastre.
monotonías utópicas de ojos rasgados y dientes amarillos.
poquita cosa.
designios infantiles.
polvo.
grafitos.
uñas
y suciedades compulsivas.
lineas hermanadas y libres que en conjunto le dan forma a la nada creadora...
YO ESTUDIABA EN EL EXTRANJERO EN 1953
Era la época en que yo juraba
que la Coca Cola uruguaya era mejor que la Coca Cola chilena
y que la nacionalidad era una cólera llameante
como cuando una tipa de la calle Bandera
no me quiso vender otra cerveza
porque dijo que estaba ya demasiado borracho
y que la prueba era que yo hablaba harto raro
haciéndome el extranjero
cuando evidentemente era más chileno que los porotos.
Roque Dalton.
Roque Dalton.
Agua Verde
Que lindas son las mañanas en las que van floreciendo los espirales del caracol que no ve lo esencial y el perro persigue al gato y el pájaro cantó durmió y se largo en silencio dejando libres a las cuncunas y de ahí las mariposas en sus colores que no tengo que decir ni menos que esconder el tiempo debajo de las alfombras donde se quedan a momentos nuestros sentimientos cuando madrugan los silencios mirando hacia el sol como los cachitos del caracol que son torres diminutas o telescopios hundidos en la humedad alimentadora de insectos que fluyen entre nosotros y entre la luz y que llenan la tierra madre donde brotan raíces destructoras de aceras y de jardines con flores de aluminio en el mismo rincón de mi verde agua y mi pozo olvidado donde pasaron las personas que he amado y el tiempo que las he amado y bebieron del pozo seco y sus tristes sonrisas fueron como pequeñas estrellas que afirmaron por un centelleante momento las ganas de crear con mis manos tardes que no terminan y ojos que no mienten para que me acompañen a pasear y a cantar las penas que son tan pequeñitas y frágiles que no pretendo distinguir de una mujer callada que solo dejó silencio y la luna es tan grande que no pretendo mentir ni encerrar las ganas de querer mirarla y callar y odiar y recoger piedras de los caminos para irnos y volver lejanos y cercanos y alejarnos de la multitud donde anidan los rencores y las manos duras que rezan de noche y maldicen de dia a la palomas que llevan dentro ternura y dolor en su aleteo como queriendo decir sobre el hombro de un hombre que juntos tu y yo quizás lograremos la paz de algún amanecer de algún loco que esté cuerdo tejiendo antorchas y puentes de este mundo y el otro donde grito silencio y me responde tu voz diciendo que soy las cosas que hago y pienso y pienso que en realidad no es tan así la cosa pues no es tan fácil que yo tenga cachos de caracol como tampoco es tan fácil que una estrella dispare contra nosotros o que una santa valla a parir un cerro pero la vida vive y mata nutriéndose sola y solos debemos seguir nosotros como dibujando un desierto plano de piedras desnudas y ojos inmóviles actuando a la manera de padre de los cielos y del desierto de los zorros rojizos que vendrán a mi mente en la venideras noches veraniegas y febriles donde los recuerdos de Febrero serán paño de agua fría en la frente y sudor y calambres en mi actitud indiferente pero triste que afirma mis gestos y mi cuerpo y mi alma te dicen entre susurros que yo no creo nada...
Que lindas son las mañanas en las que van floreciendo los espirales del caracol que no ve lo esencial y el perro persigue al gato y el pájaro cantó durmió y se largo en silencio dejando libres a las cuncunas y de ahí las mariposas en sus colores que no tengo que decir ni menos que esconder el tiempo debajo de las alfombras donde se quedan a momentos nuestros sentimientos cuando madrugan los silencios mirando hacia el sol como los cachitos del caracol que son torres diminutas o telescopios hundidos en la humedad alimentadora de insectos que fluyen entre nosotros y entre la luz y que llenan la tierra madre donde brotan raíces destructoras de aceras y de jardines con flores de aluminio en el mismo rincón de mi verde agua y mi pozo olvidado donde pasaron las personas que he amado y el tiempo que las he amado y bebieron del pozo seco y sus tristes sonrisas fueron como pequeñas estrellas que afirmaron por un centelleante momento las ganas de crear con mis manos tardes que no terminan y ojos que no mienten para que me acompañen a pasear y a cantar las penas que son tan pequeñitas y frágiles que no pretendo distinguir de una mujer callada que solo dejó silencio y la luna es tan grande que no pretendo mentir ni encerrar las ganas de querer mirarla y callar y odiar y recoger piedras de los caminos para irnos y volver lejanos y cercanos y alejarnos de la multitud donde anidan los rencores y las manos duras que rezan de noche y maldicen de dia a la palomas que llevan dentro ternura y dolor en su aleteo como queriendo decir sobre el hombro de un hombre que juntos tu y yo quizás lograremos la paz de algún amanecer de algún loco que esté cuerdo tejiendo antorchas y puentes de este mundo y el otro donde grito silencio y me responde tu voz diciendo que soy las cosas que hago y pienso y pienso que en realidad no es tan así la cosa pues no es tan fácil que yo tenga cachos de caracol como tampoco es tan fácil que una estrella dispare contra nosotros o que una santa valla a parir un cerro pero la vida vive y mata nutriéndose sola y solos debemos seguir nosotros como dibujando un desierto plano de piedras desnudas y ojos inmóviles actuando a la manera de padre de los cielos y del desierto de los zorros rojizos que vendrán a mi mente en la venideras noches veraniegas y febriles donde los recuerdos de Febrero serán paño de agua fría en la frente y sudor y calambres en mi actitud indiferente pero triste que afirma mis gestos y mi cuerpo y mi alma te dicen entre susurros que yo no creo nada...
(Antes de dormir, te doy las
buenas noches en voz baja, el silencio responde con silencio, entonces cierro
los ojos y digo que aun te extraño mucho)
Pequeño momento de sinceridad
ante una hoja.
Extraña silueta luminosa fuiste
aerolito fugaz o faro fin del mundo y ahora me dejas a oscuras tanteando con
mis torpes manos para no tropezar en la nada imprecisa y los murmullos
nocturnos de las heridas vienen de mi pecho apretado pues mis dedos agrietados
ya no pueden distinguir las ortigas y sus diminutos aguijones urticantes de la
maleza cualquiera que crece sin obstáculos al igual que la incertidumbre y el
desconcierto de observarme perplejo e ingenuo en calles vacías esperando
misteriosamente alguna señal que sea sincera y olvide por el camino alguna corta
esperanza y poder así aplazar mi tan necesaria desaparición para decir bajo el
agua que aun te extraño como a las luciérnagas que habitan un rincón de esta
oscuridad vacía…
Viento
El caminito marcado, el pedregado, donde me llaman
y yo sé cual es la voz doliente, azulada, sucia
no la sonrisa que trae el viento entre aguacero
valiente y clara, y pregunta con sed traicionera
donde iremos a parar
En sus cuerdas el gran murmullo de guitarra
malambo y carga de tola, canta que canta coplas y soplos
su voz trémula y manchada mientras muere el día
pero no digas eso, sueño lejano, sé una piedra
vidala silenciosa, ajena
besa el horizonte mi caminito, honda nostalgia
besa las penas el viento, y se van con la niebla
no tenemos flores al costado del camino, y yo me voy
clareando las sombras, anochezco, las sombras son mías
y las flores son tuyas
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